botellas balaneario aguas de calabor

Historia de las aguas de Calabor

Una de las razones que motivaron el asentamiento de distintas civilizaciones en una zona tan aislada de los grandes núcleos urbanos de la época, fue su riqueza en minerales (estaño, cobre, oro, platino), que se usaban para la elaboración de monedas, enseres domésticos y armas. En Calabor, esta riqueza del subsuelo ha sido un activo a lo largo de su historia y tiene su mayor exponente en un capricho generoso de la naturaleza: el afloramiento en roca viva de sus aguas minero-medicinales.

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La aldea de Calabor se constituyó como tal bajo la influencia de los romanos en la Península, aunque también existen indicios de que los celtas y los íberos habitaron en ella. Los romanos, grandes aficionados a los baños termales y al cuidado de la salud, encontraron sus aguas tan beneficiosas que incluso en aquellos tiempos las exportaban a distintos puntos de Europa.

Siglos después, los visigodos acuñarían monedas o tremis de oro en la Ceca que habían creado en Calabor, por aquel entonces denominado CALAPAX.

El destino de la aldea siempre siguió ligado a la explotación de sus aguas, y ya en el siglo XVII hay constancia de distintas edificaciones en las inmediaciones de los manantiales para la acogida de viajeros que decidían peregrinar a Calabor a tomar los baños.

Así, una Real Orden de 14 de diciembre de 1887 declarará las aguas minero-medicinales de Calabor como aguas de utilidad pública por sus propiedades curativas para la salud, tanto en forma de baños como de bebida o pulverizaciones, y en breve comienza la edificación de un balneario decimonónico para poder albergar a los afortunados visitantes que pudieran disfrutar de una estancia en unas instalaciones que nos trasladan a otra época.

En los accesos se disponía de una cochera destinada a aparcar coches de caballos y más tarde vehículos a motor. Cruzando un puente se accedía al edificio principal que disponía de su zona de baños provista con sus pilas de mármol y granito y acompañada de un servicio médico que se hacía cargo de la adecuada utilización de las aguas. Un amplio salón serviría de reunión para sus ilustres visitantes, que se entretendrían con el sonido de la pianola que les acompañaba, y que también sería usada para solemnizar los actos litúrgicos que tenían lugar en la capilla del mismo Balneario.

Al comprobar el efecto de las aguas, los propios bañistas empezaron a demandarla en sus lugares de origen. Así empezaron a venderse las aguas de Calabor en farmacias como producto medicinal con reconocidos beneficios para enfermedades del riñón, digestiones pesadas y diversas enfermedades nerviosas y de la piel, ganándose un gran prestigio y expendiéndose en distintos puntos de España y del extranjero.

Desde su sillería romana a pie de manantial para tomar los baños, hasta el trasiego de sus botellas lacradas y selladas para su uso en bebida, las aguas de Calabor han sido testigos de la admiración de gentes atraídas por la energía y vitalidad de las mismas, hasta llegar a ser un signo de salud y distinción en nuestros hábitos de vida actuales.

Todavía hoy, Calabor se presenta como un elemento natural, y su carácter terapéutico confiere a las aguas de Calabor un valor añadido que las hace únicas.

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